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martes, 23 de noviembre de 2010

El fallecimiento de Néstor Kirchner y sus ecos populares: idealización de los muertos. Por Nicolás Alessio.

El título puede molestar a la sensibilidad de los amigos y amigas del campo popular kirchnerista. Y puede oler a cierto "gorilismo" nostálgico. No se trata de eso. Sólo aportar a la reflexión de un acontecimiento que merece ser reflexionado. La muerte de Néstor Kirchner y sus ecos en el campo popular. Y, como el título lo insinúa, advertir de un riesgo profundamente humano cuando los sentimientos se desbordan: la idealización los muertos.

El riesgo de las idealizaciones monocordes y dogmáticas, que si bien son parte del "duelo", no pueden ser un criterio de acción política. La idealización es una manera de negar o esconder la irreversible "pérdida", pero la muerte es lo que es. Por eso hay que cruzar el umbral del duelo, para poder avanzar. Porque una cosa es vivir la idealización como parte de un camino que alienta recuperar lo mejor del ser y del hacer de los que mueren y otra muy distinta es "estancarse" en la idealización. O peor, cuando se "fogonea" la idealización, entonces el proceso se detiene y se transforma en "culto". Y el "culto" no se discute, se lo acata y los que no lo acatan, son "herejes".
El aconteci-miento tuvo y tiene una gran repercusión popular. Y tiene una importancia grave para el proyecto nacional y popular. Para un proyecto emancipador nacional y latinoamericano. Multitudes en la calle, jóvenes en la calle, demostraron con profunda sabiduría el "nunca más" al proyecto del neoliberalismo de los 90. Nunca más, ni aquí, ni en ningún otro lugar de nuestra Latinoamérica. Fue tan hondo el desgaste y la destrucción menemista, de los sectores obreros, estudiantiles, de la cultura, de la economía que los sucesivos gobiernos kirneristas, que fueron una contra-cara menemista indiscutibe en temas sensibles, ahora sean "idealizados". Esa "idealización" hace que no se vean, que no se puedan ver sus contradicciones internas.Los 90 fueron traumáticos, el desamparo que expresaba el grito de "que se vayan todos" se compensa ahora sin matices, entonces, los que reconocen lo que este gobierno indudablemente ha logrado, no permiten ni se permiten ni el mas minimo atisbo de mirada crítica. Es tan fuerte esta "antítesis" del perverso período neo-liberal, que se hace del "proyecto nacional” en marcha algo incuestionable. Y, cuando estamos ante una realidad axiomática no hay lugar para la más mínima crítica. Me supieron decir, con cariño, algunos kirneristas ante algunas opiniones: "si no sumas, restas". Cómo si solo se pudiera “sumar” desde un único lugar. La "idealización" del muerto y, por consiguiente de su "obra", si no se supera, acentúa esta convicción: no se permite estar "afuera" del kirnerismo, "ellos" agotan lo nacional y popular, son la totalidad de lo nacional y popular. Y, para poder justificar semejante cerco sobre la realidad, hay que menospreciar o lisa y llanamente despreciar a todo lo que no sea kirnerista. Cuando en verdad, lo "popular" como lo "nacional y popular" no son propiedad del kirnerismo. Aunque, a veces, algunas expresiones kirneristas, en el desborde sentimental, pareciera que están convencidos que "dentro del kirnersimo todo, fuera del kirnerismo nada". Este camino termina en la descalificación de todos los que "no son del palo".
Superar la etapa de la idealizacion, donde buscamos en defintiiva defendernos de la orfandad, de aquel que "ya no está", o sea, del abandono, de la ausencia irreparable, nos hará más realistas, a todos los que estamos en el campo nacional y popular, los kirneristas y los otros, porque hay otros. Y, con respeto, transparencia y sabiduría, luchar juntos. No toda la oposición, no todo lo que no es oficialismo, es "apátrida" o son "traidores". La "única verdad es la realidad" y la realidad, integra idealizaciones, pero no se queda en ellas ni las atiza.

* Teólogo

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